
La obesidad puede tratarse con ayuda de una intervención quirúrgica mínimamente invasiva, que no altera la anatomía, y consiste en aplicar la llamada Banda Gástrica alrededor de la parte superior del estómago. Esta banda gástrica se puede inflar, y con ello aumentar la sensación de saciedad.
El cómo se infla la banda gástrica va a depender de la posición que adopte el reservorio: si está asequible y el paciente no requiere revisión radiológica, se podrá inflar en la misma consulta, mediante una simple punción. En general sin embargo, se suele aprovechar el control radiológico para proceder al inflado de la banda gástrica, a veces bajo anestesia local.
Es más importante, en aras a un óptimo aprovechamiento de la técnica, decidir cuándo inflar la banda gástrica.
Se discuten 2 criterios:
· Uno sería puramente radiológico, basado en comprobar bajo visión directa, que tras inflado, se produce una pequeña detención del contraste ingerido a nivel de la banda, sin que haya reflujo.
· El criterio clínico consiste en valorar la evolución del peso del paciente, su apetito, hambre al despertarse, saciedad etc. De acuerdo con el paciente, se valora la indicación de inflar la banda gástrica. Idealmente sin embargo, médico y paciente toman la decisión de forma coordinada con la nutricionista y psicóloga, en el contexto de un equipo multidisciplinar. Tomada la decisión, el grado de inflado será decidido por el médico-cirujano bajo visión directa en la sala de radiología. De este modo, se optimizan el cuándo y el cuánto del inflado…
Con esta metodología, se evita la descoordinación en los inflados que puede favorecer trastornos del comportamiento alimentario y/o complicaciones potencialmente graves de bandas infladas en exceso, o en el momento inadecuado. Por otra parte, se pretende así obtener los mejores resultados posibles con esta técnica contra la obesidad, cuyos resultados dependen en gran medida del seguimiento adecuado del paciente.




