
Esta mañana, corriendo, con la mente libre y ligera, recordé un retazo de conversación –que vaya Ud. a saber por qué-, me llevó a pensar en el entrañable Cándido de Voltair.
Hacía algo más de un mes que no salíamos en bici, y mi amigo me anunció en seguida que tenía muchas novedades. Comenzó un relato que incluía una mordedura de perro, una caída de bici con fractura de meñique pendiente de corrección quirúrgica, y dolores de espalda que llevaron a un diagnóstico de aplastamiento vertebral.
De natural algo hipondríaco, asumía con dificultad su próxima cirugía –por supuesto que bajo anestesia general-. En cuanto al aplastamiento vertebral, se había pasado 3 días encerrado en casa convencido de que obedecía a metástasis de un tumor invasor.
A pesar de su relato, estaba con su humor de siempre, lo que me indujo a preguntarle: ¿y cuál es la buena noticia?
La respuesta, acompañada de una amplia sonrisa y no sin un deje de orgullo fue: “¡Esta superbici nueva! ¡Y por prescripción médica!”
Pasamos no obstante a ver el perrito mordedor que vivía en un cortijo cercano: dio muestra de su buena salud ladrando impetuosamente a nuestro paso, con lo que quedó claro que no tenía la rabia…
La vida es un regalo. Muchas veces hay cosas impuestas, pero siempre podemos elegir cómo verlas y hacia donde queremos… pedalear.











